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Sobre el dolor
¿Qué es el dolor?

Resulta complicado dar una definición de dolor. La más
aceptada en la actualidad, es la recomendada por la Asociación Internacional
para el Estudio del Dolor (International Association for the Study of Pain.
IASP 2020):una experiencia desagradable sensorial y emocional asociada o
similar a la asociada a una lesión real o potencial de los tejidos.

Es una experiencia compleja que involucra varias partes:
Lo sensitivo: es la sensación física, lo que se nota en una zona del cuerpo (como un pinchazo, ardor, presión, etc.).
Lo emocional: es cómo nos hace sentir el dolor (por ejemplo, frustración, miedo, tristeza, ira, etc.).
Lo mental: es lo que pensamos sobre ese dolor, cómo lo entendemos y lo interpretamos.

El dolor es una sensación que la persona siente y que interpreta según su propia forma de entender el mundo y su cuerpo.
Cada uno de nosotros tiene un “modelo interno” guardado en el cerebro-mente, que es como un mapa personal formado por nuestras experiencias, emociones, recuerdos, creencias y lo que hemos aprendido sobre el dolor. Es una especie de carpeta de “ cosas que duelen”.
Ese modelo interno hace que dos personas puedan sentir un mismo estímulo de forma diferente: una puede notarlo solo como una molestia, y otra puede vivirlo como un dolor intenso. No porque se lo invente, sino porque su cerebro-mente interpreta esa sensación de otra manera, basándose en todo lo que ha vivido, aprendido y en lo que esté ocurriendo en ese momento.

Dimensiones del dolor

Las dimensiones de la experiencia de dolor:

  • Dimensión sensorial-discriminativa: Hace referencia a las cualidades sensoriales del dolor como la localización, intensidad, cualidad, características espaciales y temporales. Incluye los mecanismos anatómicos y fisiológicos para la transmisión del estímulo de dolor.
  • Dimensión motivacional-afectiva: Incluye los cambios emocionales y estados de ánimo en relación con el dolor: miedo, ira, sufrimiento, ansiedad, depresión…
  • Dimensión cognitivo-evaluativa: hace referencia a las creencias, pensamientos, valores culturales y variables cognitivas involucradas en la experiencia de dolor. Le da significado a lo que está ocurriendo y a lo que pueda ocurrir.

¿Qué significa daño potencial en la definición del dolor de la IAPS? El término potencial hace referencia a que no es necesaria una lesión real  para que exista dolor. Es suficiente, que el cerebro-mente interprete que hay un riesgo de lesionarse; Es decir, solo con interpretar la situación como una amenaza o un peligro  para la integridad del organismo, se puede encender la alarma del dolor.

En el cerebro-mente existe una red neural (CONECTOMA), que se encarga de integrar múltiples estímulos y generar un patrón de respuesta especifica de dolor según corresponda. Esta red neuronal crea la experiencia de dolor individual, así como estrategias de acción tanto voluntarias como involuntarias en respuesta al dolor.

Los científicos están de acuerdo en que el dolor es una experiencia personal, desencadenada por un fenómeno complejo y multifactorial que depende de la interacción de factores fisiológicos, psicológicos y socioculturales.

Clasificación del dolor

Se puede clasificar el dolor según diversos parámetros: localización, intensidad, mecanismos fisiopatológicos, duración… Para lo que atañe a este breve resumen, nos enfocamos en la duración.

  • El DOLOR AGUDO  o FUNCIONAL: supone una señal de alarma biológica fundamental, disparada por los sistemas protectores del organismo ante cualquier peligro o amenaza. Es necesario para la supervivencia y mantenimiento de la integridad del organismo. El dolor aparece ante la existencia de una lesión o alteración de los tejidos. Su duración es limitada y está relacionada con los procesos de reparación de los tejidos (3-6 meses)
  • El DOLOR CRÓNICO, PERSISTENTE o DISFUNCIONAL: se mantiene más allá del periodo de curación de los tejidos o incluso puede aparecer y perdurar aún en ausencia de lesión previa. Este dolor ha dejado de tener un carácter protector para el individuo ya que existe, pero no hay una amenaza o peligro real. Tiene importantes implicaciones físicas, emocionales, cognitivas y conductuales.

La Organización  Mundial de la Salud (OMS), considera que el dolor crónico, persistente o disfuncional tiene importantes repercusiones a nivel personal familiar social y laboral .

Existen diferentes tipos de dolor crónico o disfuncional (OMS, 2019):

Alteración funcional o estrés emocional no explicable por otra causa. Determinado por factores biológicos, psicológicos y/o sociales.

Alteración funcional o estrés emocional no explicable por otra causa. Determinado por factores biológicos, psicológicos y/o sociales.

Dolor causado por el propio cáncer, la metástasis o el tratamiento.

Aparece después de un proceso quirúrgico o una lesión tisular y persiste más allá del proceso de curación.

Dolor causado por lesión o enfermedad del sistema nervioso.

Dolor por trastornos de la cara, cabeza o cefalea que se padecen al menos un 50% de los días y durante al menos 3 meses.

Dolor originado en los órganos internos.

Dolor que tiene su raíz en los huesos, articulaciones, columna, tendones, músculos y tejidos blandos.

El dolor crónico, persistente o disfuncional es uno de los más importantes y prevalentes problemas de salud de la población española. Ocho de cada diez consultas médicas son por dolor. Se encuentra entre las cinco procesos crónicas más frecuentes. Es causa común de discapacidad y absentismo laboral. Lo que constituye un importante problema sanitario.

Según diferentes estudios presenta una prevalencia en España que oscila entre el 12 y el 23%. Es más frecuente en mujeres (31%) que en hombres (15%), y en personas mayores (39%). En el 50% de los afectados impacta negativamente en sus relaciones sociales. El 22% pierden su empleo y el 4% cambian de trabajo. Es importante tener en cuenta el aumento actual del dolor crónico o disfuncional  en la infancia y la adolescencia, situándose la prevalencia entre el 11% y el 40% en los países desarrollados.

Existe otro tipo de proceso persistente  no menos importante y que sin embargo es poco tenido en cuenta, es el conocido  por la comunidad científica como :DOLOR SOCIAL.

Se define como la reacción emocional subsecuente a la percepción del individuo de su exclusión o rechazo por parte de personas o grupos con los que desea relacionarse, lo que produce los mismos sentimientos de sufrimiento que el dolor físico, generando una experiencia emocional de dolor. Incluye experiencias de aislamiento, soledad, ostracismo, pérdida, duelo, rechazo, feedback social negativo y conflicto interpersonal.

Los investigadores en Neurociencia han conectado la experiencia de dolor físico con la experiencia de dolor social identificando una vía neuronal subyacente compartida. Regiones involucradas en el procesamiento de la dimensión afectiva del dolor físico como la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, se activan también para procesar el dolor social.

El dolor social se puede revivir y proyectar en el futuro. Tan solo por revivirlo o proyectarlo al futuro se activan estas mismas zonas neurales. No es necesario estar viviendo en el presente una experiencia de exclusión social para que se experimente dolor social. 

Referencias:

(1) Raja S.N. et al.  The revised International Association for the Study of Pain: concepts, callegges and compromisos. Pain 2020.

(2) Pedrajas Navas JM, Molino González AM. Bases neuromédicas del dolor. Clin Salud. 2008; 19 3: 277-293.

(3) Trout, K. K. The neuromatrix theory of pain: implications for selected nonpharmacologic methods of pain relief for labor. Journal of Midwifery & Women’s Health. 2004; 49(6), 482-488.

(4) Pérez Muñoz M, Pérez Martín Y. Los factores psicosociales en el dolor crónico. Intervención fisioterapéutica desde un enfoque biopsicosocial. Revista de Investigación y Educación en Ciencias de la Salud (RIECS). 2018; 3 (1): 39-53.

(5) OMS. Constitución de la Organización Mundial de la Salud: OMS (Organización Mundial de la Salud); 1972.

(6) Korwisi B. et al. “Dolor crónico en la 11.ª revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades: respuestas a las preguntas de los usuarios”. Pain 163.9. 2022: 1675-1687.

(7) Dueñas M. et al.  A Nationwide Study of Chronic Pain Prevalence in the General Spanish Population: Identifying Clinical Subgroups Through Cluster Analysis. Pain Medicine. 2015;16(4):811-822.

(8) Torralba A. et al. Situación actual del dolor crónico en España: iniciativa «Pain Proposal». Rev Soc Esp Dolor. 2014; 21:16-22.

(9) Cáceres-Matos, R. et al. Consecuencias del dolor crónico en la infancia y la adolescencia. Gaceta Sanitaria. 2019; 33, 272-282.

(10) Pérez Martín Y, Pérez Muñoz M, García Ares D, Rodríguez Costa I. El cuerpo duele y el dolor social… ¿duele también? Aten Primaria. 2020; 52(4):267-272.