Artículos de interés
Describe el diseño de un programa educativo-terapeútico para personas con dolor crónico de cuello, que adopta un enfoque biopsicosocial que integra dimensiones físicas, cognitivas y sociales.
Consta de cinco sesiones educativas y terapeúticas, de 90 a 120 minutos cada una, realizadas cada dos días, centradas en el manejo emocional (particularmente el estrés mantenido), la actividad física lúdica y la reincorporación social.
El objetivo principal es desactivar el dolor percibido y disminuir la discapacidad funcional, además de mejorar la calidad de vida en el corto y medio plazo.
El estudio evalúa un programa combinado de educación en neurociencia del dolor y ejercicios basados en imaginería motora en pacientes con fibromialgia. En este ensayo aleatorizado, la intervención mejoró de forma significativa el dolor, la función física, la catastrofización y la autoeficacia en comparación con los controles. Los autores concluyen que integrar comprensión del dolor y práctica de movimiento imaginado puede modular la sensibilización central y mejorar la capacidad funcional. El protocolo se presenta como una opción terapéutica prometedora y segura para esta población.
El artículo ofrece una actualización completa sobre la fibromialgia, revisando los avances en epidemiología, mecanismos fisiopatológicos y tratamientos. Destaca la disfunción del procesamiento del dolor y los factores psicosociales en este proceso. Resume nuevas evidencias sobre intervenciones terapéuticas, señalando que los mejores resultados provienen de un enfoque multimodal que combina ejercicio, educación, terapia psicológica y estrategias cuerpo–mente. También revisa estudios emergentes sobre biomarcadores y tecnologías digitales, subrayando la necesidad de investigación futura para mejorar el diagnóstico y la personalización del tratamiento.
El trauma psicosocial es un factor clave en muchos casos de dolor crónico, influyendo tanto en su aparición como en su persistencia. Los autores subrayan que experiencias traumáticas no tratadas pueden intensificar el dolor y dificultar la respuesta a los tratamientos habituales. Proponen intervenciones psicológicas específicas centradas en el trauma —como terapias de procesamiento emocional y enfoques cuerpo-mente— que han demostrado mejorar síntomas, función y bienestar. Concluyen que integrar el abordaje del trauma en el tratamiento del dolor crónico es esencial para obtener resultados más completos y duraderos.
La guía PEER para el manejo del dolor crónico recomienda priorizar intervenciones no farmacológicas, como ejercicio, educación y estrategias de autocuidado, por ser las más seguras y efectivas a largo plazo. En cuanto a fármacos, sugiere un uso limitado y prudente, considerando AINEs o duloxetina en casos seleccionados y evitando opioides, gabapentinoides y benzodiacepinas por su bajo beneficio y alto riesgo. Propone un enfoque centrado en la persona, con metas funcionales y decisiones compartidas. Además, destaca la importancia de abordar los factores psicológicos y sociales, integrando enfoques biopsicosociales en la práctica clínica.
La guía NICE NG193 recomienda un enfoque integral y biopsicosocial para la valoración y el manejo del dolor crónico en mayores de 16 años. Prioriza intervenciones no farmacológicas, como ejercicio, terapia psicológica (incluida la terapia cognitivo-conductual y la terapia de aceptación y compromiso) y técnicas cuerpo–mente. Desaconseja el uso de fármacos como opioides, gabapentinoides o benzodiacepinas por su escasa eficacia y riesgo de efectos adversos. Subraya la importancia de una evaluación centrada en la persona, que incluya impacto funcional, factores emocionales y sociales, y un plan de tratamiento acordado con dicha persona.
La conciencia emocional y otros procesos emocionales influyen en la aparición y el mantenimiento del dolor crónico. Los autores explican que dificultades para identificar, expresar o regular emociones pueden amplificar la percepción del dolor y complicar su tratamiento. Proponen que la evaluación clínica debe incluir estos aspectos emocionales y destacan intervenciones psicológicas que mejoran la conciencia emocional como herramientas eficaces para reducir el sufrimiento y promover una mejor recuperación.
Explora la relación entre el dolor físico y el llamado “dolor social”, mostrando cómo experiencias como el rechazo, la exclusión o la pérdida activan mecanismos neurológicos similares a los del dolor corporal. Destaca la importancia de abordar estos componentes sociales y emocionales en la práctica clínica para comprender mejor el sufrimiento de la persona. Además, subraya la necesidad de integrar una perspectiva biopsicosocial para un tratamiento más completo y humano.
El estudio compara la Terapia de Conciencia y Expresión Emocional (EAET) con la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) en adultos mayores con dolor musculoesquelético crónico. Los resultados muestran que EAET produce una mayor reducción del dolor que la TCC, además de mejoras en afecto negativo y funcionamiento emocional. La intervención se centra en identificar, comprender y expresar emociones vinculadas a experiencias estresantes o conflictivas. El ensayo, aunque preliminar, sugiere que abordar los procesos emocionales profundos puede ser especialmente beneficioso en esta población.
el dolor crónico en la infancia y la adolescencia afecta de forma significativa la calidad de vida, el bienestar emocional y el rendimiento escolar. Describe su relación con problemas psicológicos como ansiedad o depresión, así como con limitaciones sociales y funcionales. También destaca el impacto en las familias y la importancia de una atención integral y multidisciplinaria.
el dolor crónico no depende solo de factores físicos, sino también de elementos emocionales, conductuales y sociales que influyen en su aparición y mantenimiento. Los autores subrayan que el modelo biopsicosocial es esencial para comprender el dolor y para guiar intervenciones fisioterapéuticas más efectivas. Señalan la importancia de que el fisioterapeuta identifique creencias y comportamientos desadaptativos, eduque al paciente y promueva estrategias de afrontamiento activas. Con ello, se favorece un tratamiento más completo y mejores resultados a largo plazo.
El estudio compara la Terapia de Conciencia y Expresión Emocional (EAET), la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) y educación en pacientes con fibromialgia y encuentra que EAET logra mayores mejoras en dolor y bienestar emocional que las otras intervenciones. La TCC también resulta beneficiosa, especialmente en afrontamiento y síntomas psicológicos, mientras que la educación produce efectos más limitados. Los resultados sugieren que abordar de forma directa las emociones y experiencias estresantes puede potenciar la recuperación en fibromialgia.
Esta guía sobre dolor cervical, recomienda un enfoque multimodal que combine ejercicio terapéutico, movilización o manipulación cervical/torácica y educación activa del paciente. Clasifica el dolor de cuello en subgrupos clínicos para orientar tratamientos más específicos y eficaces. Destaca la importancia de mantener la actividad, promover el autocuidado y abordar factores psicológicos que influyen en la recuperación. También resalta la utilidad de intervenciones progresivas que integren fuerza, control motor y reentrenamiento funcional para mejorar dolor, movilidad y discapacidad.
El estudio evalúa una nueva intervención psicológica centrada en atribución emocional y terapia de conciencia y expresión emocional (EAET) para pacientes con dolor musculoesquelético crónico. Los resultados del ensayo preliminar —sin grupo control— muestran mejoras significativas en la intensidad del dolor, la discapacidad y el malestar emocional tras la intervención. Los autores sugieren que trabajar los factores emocionales y los conflictos internos puede reducir el dolor en un subgrupo de pacientes y destacan la necesidad de estudios controlados para confirmar su eficacia.